El reto

III. El reto de la hidratación en los niños

III.1. La ingesta total de agua y el consumo de líquidos en niños

III.1.1. Directrices sobre la ingesta total de agua

Varias autoridades regionales e internacionales (EFSA, IoM, OMS) han establecido directrices sobre la ingesta total de agua. Sin embargo, a diferencia de otros nutrientes, no existen suficientes estudios sobre la cantidad de agua necesaria para evitar enfermedades o mejorar la salud. Como resultado, no se han asociado límites de consumo máximos ni mínimos a un beneficio o un riesgo específico. Se han utilizado diversos métodos para establecer la ingesta adecuada de agua. La mayoría se basa en estudios sobre la ingesta y cálculos teóricos, por lo que hay una gran variabilidad en los valores de referencia mundiales (Tabla 1).

 

En EE.UU. y Canadá, la ingesta adecuada de agua en los niños se basa en la ingesta media de agua de los datos de NHANES III (Third National Health and Nutrition Examination Survey – Tercer estudio para el examen nacional de la salud y la nutrición) (IoM, 2004).

 

Las directrices más recientes en materia de ingesta total de agua fueron publicadas en 2010 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). En los niños, la ingesta adecuada se basa en las ingestas observadas en estudios donde podía evaluarse el aporte de agua de los alimentos, ajustado para alcanzar la cantidad de agua disponible de 1 mL/kcal ingerida y tener en cuenta las variaciones entre distintas personas.

 

Según estas directrices, los niños tienen necesidades de agua concretas hasta la pubertad, distintas de las de los adultos (Tabla 1). En la preadolescencia, los chicos tienen una ingesta recomendada mayor que las chicas. 

tabla : Valores de referencia sobre la ingesta total de agua (alimentos + líquidos), L/día

 

Tabla 1. Valores de referencia sobre la ingesta total de agua (alimentos + líquidos), L/día

 

Estas referencias de ingesta total de agua incluyen tanto el agua procedente de los alimentos como el agua de bebidas de todo tipo, incluida el agua potable y mineral. En el caso de los adultos, se considera que el aporte de los alimentos a la ingesta total de agua representa aproximadamente un 20% (EFSA, 2010). Hasta la fecha no se ha completado ninguna evaluación sobre los niños al respecto. 

 

La EFSA no ha establecido niveles máximos de ingesta, debido a la capacidad de los riñones en los individuos sanos para excretar el exceso de agua ingerida, hasta 0,6-1 litros de orina por hora en el caso de los adultos (Noakes et al., 2001).

III.1.2. El consumo de fluidos en niños

Los datos disponibles sugieren que los niños no beben lo suficiente y no alcanzan la ingesta diaria recomendada. Según los datos observacionales de NHANES (EE.UU.), en niños y adolescentes de 4 a 19 años, el promedio de la ingesta total diaria de agua es inferior a la ingesta recomendada por el IoM (agua procedente de bebidas y alimentos) (Kant et al., 2010). Los resultados del estudio DONALD (Alemania) indican que el 49% de los niños y el 29% de las niñas de 4 a 11 años no estaban suficientemente hidratados (Stahl et al., 2007). Además, aunque la proporción de agua natural (del 22% en los niños de 2 a 5 años al 33% en adolescentes) en la ingesta de agua aumenta con la edad, la mayor proporción viene de bebidas, es decir, todo tipo de fluidos excepto el agua potable. Las bebidas suponen el 52% en los niños de 2 a 5 años y un 47% en los adolescentes). 

 

Un estudio reciente ha revelado que de los niños sanos (9-11 años), el 75% no bebía agua antes de ir al colegio. Naturalmente, la osmolalidad urinaria era alta en aquellos que no bebían nada antes de ir al colegio. Sin embargo, lo más sorprendente es que la osmolalidad de la orina también era alta en niños que bebían grandes cantidades de bebidas que no fueran agua (Stookey et al., 2011). Al beber agua se cubren los requisitos de hidratación sin aumentar el volumen de solutos que van al riñón y, por lo tanto, se produce una alta osmolalidad de la orina. Estos datos sugieren que los niños en edad escolar pueden correr el riesgo de recibir una ingesta de agua subóptima en relación con las directrices del IoM, EFSA y la OMS. 

III.2. Mejora de la ingesta de agua: una piedra angular de los programas relativos al estilo de vida infantil 

III.2.1. El efecto prometedor de la ingesta de agua en la prevención del sobrepeso

La obesidad infantil es una epidemia mundial. En 2010, 43 millones de niños (35 millones en países desarrollados) estaban considerados con sobrepeso y obesos (Figura 6) y 92 millones estaban en riesgo de sobrepeso (de Onis et al., 2010). La prevalencia mundial del sobrepeso y la obesidad aumentó en un 60% entre 1990 y 2010 (de Onis et al., 2010) y en algunos países (especialmente en EE.UU.), la proporción de niños con sobrepeso se ha triplicado desde 1980 (WHO, 2006). 

70
60
50
40
30
20
10

1990199520002005201020152020

Mundial

Países emergentes

Asia

Países desarrollados

África

Latinoamérica y Caribe

 

Figura 6. Número (en millones) de niños con sobrepeso y obesos de 0 a 5 años: 1990-2020.

(Adaptado de de Onis et al., 2010). 

 

El aumento de peso en la infancia es motivo de gran preocupación porque constituye un aspecto determinante de la obesidad en la edad adulta (de Onis et al., 2010, Guo et al., 1999, Symonds et al., 2011).

 

La alimentación saludable es una de las claves para prevenir la obesidad, y el consumo de fluidos saludables forma parte de una dieta equilibrada. Se ha considerado que la ingesta de agua reduce el aporte de energía, pero son pocos los estudios que hayan investigado el efecto directo del agua en el control del peso en los niños. 

 

Hace poco, un estudio demostró que la promoción de una hidratación saludable en la escuela primaria, aumentando la accesibilidad al agua mediante fuentes de agua y dando lecciones para promover el consumo de agua, fue una estrategia eficaz para reducir el riesgo de sobrepeso en un 31% en el grupo de intervención (Muckelbauer et al., 2009).

 

Un estudio en niños con sobrepeso indicó que el consumo de 10 mL/kg de agua fría puede aumentar temporalmente el gasto de energía en reposo durante al menos una hora después de su consumo. Aunque el aumento metabólico observado se producía a corto plazo y era temporal, los autores lo extrapolaron a que si los niños consumieran la cantidad diaria recomendada de agua, este aumento del gasto energético supondría una pérdida de peso de 1,2 kg al año (Dubnov-Raz et al., 2011). Dado que estos datos son limitados, harían falta más estudios para establecer si esta estrategia sería eficaz en la vida real.

 

Estos primeros resultados sugieren que el aumento del consumo de agua podría tener un impacto positivo en el control del peso en los niños. Así pues, si se demostrase que es eficaz, los programas que fomentan el consumo de agua contribuirían al control del peso en niños. Las autoridades públicas sanitarias están haciendo cada vez más hincapié en la importancia de seguir una dieta saludable y realizar actividad física para prevenir el sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes.

III.2.2. Una acción prioritaria para un estilo de vida infantil más saludable

En respuesta al creciente problema de la obesidad, algunas se han introducido instruciones políticas, especialmente diseñadas para la promoción de la salud infantil. Se basan en la modificación de los hábitos del estilo de vida, tales como la actividad física, el fomento de una dieta equilibrada, incluida la recomendación de favorecer el consumo de agua por encima de otras bebidas. A continuación se presentan algunos ejemplos:

En 2004, la OMS aprobó la Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud. En este contexto, se ha publicado más recientemente una serie de herramientas para guiar a los estados miembros a la hora de establecer su plan de acción nacional. El aumento del consumo de agua en niños se ha identificado como una acción prioritaria para la prevención de la obesidad infantil (OMS, 2012)

  • Entre sus directrices, el Institute of Medicine (2007, pp 5) también fomenta el agua como una alternativa más saludable en el colegio: "Las escuelas deberán poner el agua natural sin sabores a disposición de los niños de manera gratuita a lo largo de todo el horario escolar, ya sea en forma de agua embotellada o fuentes."
  • Del mismo modo, en Francia, el Plan nacional de nutrición y la salud (PNNS, 2008) recomienda: "El agua puede consumirse sin restricción durante y entre las comidas. Para estar sanos, el agua es la única bebida necesaria. El agua es la mejor bebida que calma la sed sin añadir calorías."
  • Con esta ambición, se están llevando a cabo programas en todo el mundo. Por ejemplo, el Servicio de alimentación y nutrición, que forma parte del Departamento de agricultura de EE.UU. (2010) puso en marcha hace poco una iniciativa orientada a combatir la obesidad infantil. Aunque todavía es demasiado pronto para concluir si es eficaz, el programa "Let's Move" apoya acciones sencillas, tales como las recomendaciones de unos patrones de alimentación saludable en el colegio y en casa, un etiquetado mejor de los alimentos y un aumento de la actividad física diaria en los niños. Entre las alternativas más saludables propuestas, hay una que consiste en elegir mejor las bebidas, optando por agua en lugar de bebidas azucaradas. 

Por último, los hallazgos de algunas pruebas controladas efectuadas recientemente de forma aleatoria demuestran que el consumo de bebidas no calóricas en lugar de calóricas disminuye el aumento de peso en niños y adolescentes (de Ruyter et al., 2012, Ebbeling et al., 2012).

III.2.3. La acción mundial: ejemplo del programa de desarollo a largo plazo

Los programas relativos al estilo de vida infantil reconocen la importancia de una buena hidratación con agua preferentemente incluyéndola en las principales medidas relativas al estilo de vida. Algunos ya han arrojado resultados alentadores. 

 

El programa EPODE (Ensemble Prévenons l’Obésité des Enfants – Together Let’s Prevent Childhood Obesity) es un programa de intervenciones locales para prevenir la obesidad infantil. Su objetivo es desarrollar en distintos países una metodología destinada a prevenir la obesidad. Este programa implica a todos los interesados de una comunidad para animar a las familias a adoptar un estilo de vida saludable (dieta equilibrada y actividad física). Entre otras, las acciones de prevención incluyen la promoción de la ingesta de líquidos más sanos en niños y adolescentes. Un estudio piloto lanzado en 1992 en dos ciudades francesas demostró que la prevalencia del sobrepeso en niños de 5 a 12 años era bastante inferior en ambas ciudades piloto en comparación con las ciudades de control, respectivamente un 8,8% y un 17,8% (Romon et al., 2008). Desde su lanzamiento oficial en 2004, el programa ha sido implantado en muchos lugares de Francia.  Además, el modelo ha sido adoptado en otros 5 países (Tabla 2).

tabla : Programas a largo plazo de EPODE desarrollados en todo el mundo

 

Tabla 2. Programas a largo plazo de EPODE desarrollados en todo el mundo.

 

Los dos últimos programas han desarrollado acciones específicas para promover la ingesta de líquidos saludables. El tema de OPAL "Agua: La bebida fría original" está orientado a animar a los niños a sustituir el consumo de bebidas azucaradas por el agua natural del grifo.  

 

Existe un consenso entre las autoridades públicas sanitarias y las sociedades científicas en relación con el agua y otros tipos de líquidos ingeridos. El agua es una opción saludable en cualquier momento y el único elemento que necesita el cuerpo para reponer las perdidos hidricas. No tiene calorías, azúcares ni aditivos. Por lo tanto, el agua debería ser la bebida preferida para hidratarse.

 

Take home messages

En los niños, la mayoría de las directrices relativas a la ingesta total de agua se basan en estudios sobre ingesta y cálculos teóricos, por lo que existe cierta variabilidad en los valores de referencia dados en todo el mundo.
Según las directrices, los niños tienen unas necesidades de agua específicas hasta la adolescencia, que son diferentes de las de los adultos.
La obesidad infantil está aumentando en todo el mundo y constituye un problema importante porque el aumento de peso en la infancia es un factor muy determinante de la obesidad adulta.
El agua es una opción saludable en cualquier momento. No tiene calorías, azúcares ni aditivos. Así pues, son muchas las organizaciones profesionales que recomiendan el agua como primera opción de bebida.
Cada vez se considera más el aumento de la ingesta de agua como una acción prioritaria para un estilo de vida más saludable en los niños.

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