Hidratación

II. La importancia de una hidratación adecuada para la salud infantil

El agua es un nutriente esencial y el principal componente del cuerpo humano (Peronnet et al., 2012). Así pues, parece lógico que el estado hídrico y el consumo de agua puedan tener consecuencias para los niños, especialmente pensando en la actividad física y la función cognitiva.

II.1. Evaluación del riesgo de deshidratación

Aunque no existe una definición absoluta, las deshidratación suelen definirse como una disminución del contenido total de agua en el cuerpo debido a una pérdida excesiva de fluidos, una disminución de la ingestión de líquidos o la combinación de ambos (Begum et al., 2010).

 

La evaluación del estado de hidratación de una persona consiste en la medición (directa o indirecta) de la cantidad total de agua en el cuerpo (Shirreffs, 2003). Aunque no hay acuerdo sobre un único método para evaluar el estado de hidratación, lo más adecuado para la población en general parece ser combinar diversos marcadores. Concretamente, se ha demostrado que los biomarcadores urinarios del estado hídrico tales como el volumen en 24 horas, la osmolalidad y el color varían considerablemente entre los adultos que beben diferentes volúmenes de líquidos al día:  <1,2 L/d vs> 2,0 L/d (Perrier et al., 2012). Éstos resultados sugieren que los biomarcadores urinarios son adecuados para detectar las pequeñas diferencias en el estado hídrico que se producen en la vida diaria normal.

 

También se pueden utilizar otros métodos y marcadores, como son la sangre, los índices salivales, las técnicas de dilución, el análisis por activación de neutrones y los valores de sed. El cambio de la masa corporal a menudo es la técnica más rápida, sencilla y precisa de usar cuando se espera que se produzcan pérdidas sustanciales de agua durante un breve período de tiempo, por ejemplo durante una sesión de ejercicio físico. Finalmente, la relevancia del método depende de las condiciones de medición: sobre el terreno, resultan más adecuadas las técnicas fáciles de usar, seguras, portátiles y más economícas (Armstrong, 2007).

II.2. Estado hídrico y actividad física

II.2.1. Efectos de la deshidratación durante la actividad física

Durante la actividad física, la deshidratación afecta una serie de funciones fisiológicas, aumentando el esfuerzo termorregulador y cardiovascular (Murray, 2007). Esto provoca una disminución del rendimiento y un mayor riesgo de golpe de calor por esfuerzo (calambres por calor, desvanecimiento, agotamiento, insolación grave), especialmente durante un ejercicio físico contínuo en clima cálido/muy cálido (Council on Sports Medicine and Fitness and Council on School Health, 2011).

 

En los atletas adultos, hay pocas dudas de que la deshidratación de más del 2% de la masa corporal pone en peligro las funciones fisiológicas y disminuye el rendimiento físico (Sawka et al., 1999).

 

La relación entre el estado hídrico y la disminución del rendimiento en niños ha sido menos evaluada. Diversos estudios demuestran que incluso la deshidratación de un 1-2% de la masa corporal reduce el rendimiento aeróbico en varones prepúberes (Dougherty et al., 2006, Wilk et al., 2002). Además, Kavouras et al. (2011) demostraron que la mejora del estado hídrico mediante una intervención educativa generó un aumento significativo de la resistencia durante el ejercicio en niños. Así, no cabe duda de que es importante promover la ingesta de líquidos entre los niños que hacen ejercicio.

II.2.2. ¿Les afecta a los niños el ejercicio de manera distinta que a los adultos?

Desde el punto de vista mecánico, como los niños prepúberes sudan menos que los adultos, pueden retener mejor el agua corporal durante el ejercicio. Sin embargo, unas mayores pérdidas de agua insensibles respecto a la masa corporal implican una mayor necesidad de agua por peso corporal en comparación con los adultos. Los datos disponibles sobre la respuesta fisiológica de los niños y el rendimiento físico en clima cálido no son suficientes para arrojar conclusiones definitivas. Además, a diferencia de las hipótesis anteriores, los estudios actuales indican que la termorregulación puede ser similar en niños y adultos a pesar de que sus mecanismos termorreguladores dominantes sean diferentes. Hasta la fecha, no existen pruebas significativas de que los niños tengan un riesgo distinto de deshidratación o hipertermia a los adultos durante la actividad física (Rowland, 2008).

 

En niños bien hidratados, no se ha observado un mayor riesgo de golpe de calor por esfuerzo que en los adultos (Inbar et al., 2004, Rivera-Brown et al., 2006, Rowland et al., 2008, Shibasaki et al., 1997). Pero no se ha estudiado este riesgo en situaciones de privación de agua.

II.2.3. Consumo de agua y actividad física

Durante la actividad física, las necesidades de agua pueden aumentar rápidamente: por lo tanto, se recomienda incrementar el consumo de agua durante y después de hacer ejercicio para reponer el agua perdida por el sudor (American Academy of Pediatrics Committee on Nutrition and Council on Sports Medicine and Fitness, 2011).

 

Según el informe clínico del Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría (AAP) y el Consejo de Medicina del Deporte y la Salud (2011, pp. 1182); "con los niños y adolescentes, hay que tener mucho cuidado al seleccionar la bebida con la que se hidratarán antes, durante o después del ejercicio". En general, para los niños que realizan una actividad física regularmente, basta con que consuman agua para reponer el agua perdida por el sudor durante el ejercicio. El agua no aumenta la ingesta de calorías ni el volumen de solutos en el riñón. Así, su consumo es adecuado como parte de un modo de vida saludable que combine una dieta equilibrada con una actividad física moderada.

 

El informe de la AAP afirma: "también se debería enseñar a los niños y adolescentes a beber agua cada día como su primera opción de bebida, mientras se cubran las necesidades calóricas de la dieta diaria y de otros nutrientes (p.ej, calcio, vitaminas, etc.). Asi mismo establece que el agua es también, en general, la opción más adecuada para hidratarse antes, durante y después de la mayoría de los regímenes de ejercicio. Y que los niños deberían tener libre acceso al agua, especialmente durante el horario escolar".

 

Además, el Instituto de Medicina estadounidense publicó en 2007 un informe en el que recomendaba unos hábitos alimentarios más saludables para los niños y adolescentes en el colegio. Estas recomendaciones incluyen:

  • Restringir los alimentos y bebidas con un alto contenido en azúcar;
  • Fomentar la disponibilidad de agua normal sin ningún coste para los estudiantes;
  • Promover el consumo de agua sin sabores, aditivos o carbonatada;
  • Limitar el consumo de bebidas isotónicas a los jóvenes atletas que realicen una actividad física vigorosa.

II.3. Estado hídrico y función cognitiva

II.3.1. ¿Qué es la cognición?

Definir la función cognitiva es difícil y complejo. La cognición se refiere a todos los aspectos de cómo los humanos perciben, recuerdan, piensan, hablan y solucionan problemas (Feist et al., 2009). Así, la función cognitiva incluye la atención, el aprendizaje, la memoria y el razonamiento, así como la vista, el oído, la capacidad para actuar, etc. Asimismo, está relacionada con el estado de ánimo, ya que todo fenómeno psicológico es un fenómeno cognitivo (Neisser, 1967).

II.3.2. El impacto de la deshidratación en la función cognitiva de los niños

Se ha reconocido que la deshidratación tiene un efecto negativo en el rendimiento cognitivo, es decir, en la memoria, la atención, las habilidades motoras y el estado de ánimo en los adultos (Armstrong, 2012, Edmonds, 2012, Ganio et al., 2011, Pross et al., 2012).

Aunque los datos en niños son limitados, se ha observado una disminución de la memoria con bajos niveles de deshidratación (1-2% del peso corporal) (Bar-David et al., 2005, Fadda et al., 2008). Del mismo modo,
un reciente estudio sugería que la estructura y la función cerebral podrían verse muy afectadas por la deshidratación en adolescentes en situación de deshidratación (Kempton et al., 2011).

II.3.3. El efecto beneficioso del aumento de la ingesta de agua

Los resultados muestran sistemáticamente que los niños de 7 a 9 años rendían mejor en tareas de atención visual y memoria visual cuando bebían 200-400 mL más de agua antes de las pruebas (Benton et al., 2009, Edmonds et al., 2009a, Edmonds et al., 2009b).  En estos estudios, no se evaluó el estado inicial de hidratación de los niños. Hacen falta más estudios para confirmar estos primeros resultados que muestran que una mayor ingesta de agua mejora la función cognitiva en los niños. 

 

Como los niños pasan la mayor parte del día en el colegio, y a menudo se quedan por la tarde para realizar actividades extraescolares, el fomentar la disponibilidad de agua durante y después del horario escolar puede contribuir aumentar la ingesta de aqua. 

En resumen

Permanecer bien hidratado, manteniendo un buen equilibrio hídrico en el cuerpo, es importante para los niños físicamente activos y para asegurar el  funcionamiento cognitivo (Figura 5). 

Los datos anteriores sugieren dos consecuencias importantes de un bajo consumo de agua

 

Figura 5. Los datos anteriores sugieren dos consecuencias importantes de un bajo consumo de agua. 

 

Take home messages

Una hidratación saludable para la actividad física
Durante la actividad física, una deshidratación superior al 1 ó 2% dificulta una serie de funciones fisiológicas, aumentando el esfuerzo termorregulador y cardiovascular.
La deshidratación tiene un efecto negativo en la tolerancia al ejercicio y el rendimiento durante la actividad física.
Para los niños que realizan una actividad física regular, el consumo de agua es suficiente para reponer las pérdidas hídricas producidas por el sudor.
En general, el agua es la primera bebida adecuada para hidratarse antes, durante y después del ejercicio físico. (American Academy of Pediatrics Committee on Nutrition and Council on Sports Medicine and Fitness, 2011).
Una hidratación saludable para la función cognitiva
Una de deshidratación leve (1-2% del peso corporal) dificulta la función cognitiva.
El aumento del consumo de agua natural en niños puede reforzar la atención y la memoria visuales.

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