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Deshidratación

IV. Deshidratación: un factor de riesgo para la formación de cálculos renales

La deshidratación crónica es un factor de riesgo confirmado para la formación de cálculos renales (Brenner and Rector 2008). Este fenómeno se ha observado claramente en un estudio retrospectivo que investigaba las causas de la urolitiasis en 708 sujetos formadores de cálculos. En este estudio, la deshidratación crónica sería el resultado de una exposición al calor (p. ej. el clima y/o la actividad física) o de la falta de bebida, con una orina y una osmolalidad plasmática normales. Los autores concluyeron que la deshidratación crónica fue la causa principal del 19 % de todos los episodios de cálculos renales (Embon et al. 1990).

IV. 1. Un volumen de orina bajo: un factor de riesgo confirmado para la formación de cálculos renales

La deshidratación o la escasa ingesta de agua puede provocar un volumen de orina bajo, algo habitual en los sujetos propensos a padecer cálculos. Se detectó un volumen de orina inferior a 1,0 L/d en un 10 % de sujetos formadores recurrentes de cálculos (Stitchantrakul et al. 2007), y un volumen de orina inferior a 1,5 L/d en el 40 % de los sujetos formadores recurrentes o que habían padecido su primer cálculo. (Orakzai et al. 2004).

 

Ciertos estudios observacionales han identificado que un volumen de orina bajo es un factor de riesgo para desarrollar cálculos renales. En un estudio retrospectivo publicado en 2008, se evaluó a todos los sujetos de los estudios NHS I, NHS II y HPFS que aportaron una muestra de orina de 24 horas. Entre un total de 3.350 sujetos, 2.237 ya habían padecido al menos un episodio de cálculos renales. Los resultados mostraron que los sujetos con un volumen de orina superior a 2,5 L presentaban un riesgo menor de desarrollar cálculos renales que los sujetos con un volumen de orina por debajo de 1,0 L; los riesgos relativos correspondientes (RR) fueron de 0,22 para los sujetos del estudio NHS I, 0,33 para el estudio NHS II y 0,26 para el estudio HPFS. En las tres cohortes, un volumen de orina más alto se asoció a un riesgo menor de padecer cálculos renales (Curhan and Taylor 2008).

 

Un volumen de orina bajo genera concentraciones más altas de compuestos urinarios y puede resultar en una sobresaturación urinaria. Los estudios sobre población general han demostrado que un volumen de orina bajo aumenta el riesgo de que se forme un cálculo (Borghi et al. 1999c; Curhan 2007; Pak et al. 1980; Trinchieri et al. 2008).

IV. 2. Factores medioambientales que originan un volumen de orina bajo

IV. 2. 1. Riesgo ocupacional de padecer cálculos renales

Estudios observacionales han informado de mayores índices de incidencia de cálculos renales entre sujetos que trabajan en entornos calurosos. En un estudio prospectivo de 1993, Borghi et al. compararon la prevalencia de los cálculos renales entre maquinistas que trabajaban en un entorno caluroso y sujetos control trabajando a temperatura media, y observaron una mayor prevalencia entre los maquinistas (8,4 %, en comparación con una prevalencia del 2,5 % en los sujetos de control) (Borghi et al. 1993). Más recientemente, un estudio transversal llevado a cabo en una población de trabajadores de una acería demostró que los trabajadores en el área caliente presentaban un mayor riesgo de cálculos renales y un volumen más bajo de orina que los empleados destinados a un entorno más templado (Atan et al. 2005).

 

También se observaron índices de incidencia más altos de cálculos renales en corredores de maratones. Esto puede derivarse de episodios repetidos, aunque de escasa duración, de una deshidratación considerable (Irving et al. 1986; Milvy et al. 1981). Los autores observaron que en los corredores de maratones, la cristaluria y la sobresaturación urinaria fueron similares a las de sujetos formadores de cálculos, y notablemente diferentes de los sujetos sanos que no corrían (Irving et al. 1986).

IV. 2. 2. El clima y la temperatura como factores de riesgo

El clima y la temperatura varían enormemente en cada país y podrían explicar, en parte, cómo la geografía influye en el riesgo de desarrollar cálculos renales (Figura 1). Otros factores como los hábitos nutricionales y el estilo de vida también podrían explicar estas variaciones entre distintos países. Diversos estudios epidemiológicos han demostrado variaciones en la prevalencia dentro de los países (Soucie et al. 1996). Esto se observó en 1963 en una región árida y calurosa de Israel, donde se detectó la incidencia más alta de cálculos en las regiones más calurosas (Frank et al. 1963). También se observaron variaciones en la prevalencia dentro de Estados Unidos: se identificó un "eje" con una prevalencia mayor de cálculos renales en los estados más cálidos (Brikowski et al. 2008). Boyce et al. descubrieron que la prevalencia más alta de cálculos renales se daba en los estados sureños de Carolina del Sur y Georgia, y la más baja en Wyoming y Missouri (Boyce et al. 1956). Del mismo modo, un análisis retrospectivo de datos del estudio NHANES II y del Estudio de Prevención del Cáncer II (CPS II), destacó que la prevalencia asociada a la edad de cálculos renales aumentaba de norte a sur y de oeste a este (Soucie et al. 1994). Tras controlar otros factores de riesgo, la prevalencia parece estar relacionada con la temperatura ambiental y la exposición a la luz del sol (Soucie et al. 1996). En general, la prevalencia mayor en regiones más cálidas se debe a grandes pérdidas de agua y a una ingesta de agua inadecuada, lo que lleva a un volumen de orina bajo (Brikowski et al. 2008; Soucie et al. 1994).

 

La incidencia de cálculos renales parece variar de una estación a otra, con incidencias mayores registradas generalmente en los meses más calurosos de la primavera y el verano (Bartoletti et al. 2007; Chauhan et al. 2004; Chen et al. 2008). Sin embargo, en un estudio realizado en Irán, los autores observaron la incidencias más altas en los meses de junio, julio y noviembre (Basiri et al. 2004). Este hecho se atribuyó, principalmente, a la correlación segura entre la temperatura ambiente media y la incidencia de los cálculos renales (Chauhan et al. 2004; Chen et al. 2008; Fletcher et al. 2012; Soucie et al. 1994; Soucie et al. 1996).

 

Unas temperaturas más altas llevan a mayores pérdidas de agua, que se expulsa a través del sudor, dando como resultado un volumen de orina más bajo. Esto podría explicar el aumento del riesgo de urolitiasis (Bartoletti et al. 2007; Frank et al. 1963) (Figura 7).

Condiciones relacionadas con la deshidratación crónica, predisposición a un volumen de orina bajo y, por tanto, aumento del riesgo de padecer cálculos renales

Figura 7. Condiciones relacionadas con la deshidratación crónica, predisposición a un volumen de orina bajo y, por tanto, aumento del riesgo de padecer cálculos renales.

 

Take home messages

Es fundamental evitar la deshidratación manteniendo una ingesta de agua adecuada, particularmente en situaciones de pérdidas agudas de agua. En estas situaciones, la ingesta insuficiente de agua lleva a pérdidas de agua descompensadas, a un volumen de orina bajo y a un riesgo mayor de cálculos renales.

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