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Conclusión

​Conclusión

 

El cuerpo de una mujer embarazada o lactante experimenta adaptaciones fisiológicas específicas, para cubrir las necesidades de crecimiento del feto o el lactante. Estas adaptaciones acarrean cambios importantes en la fisiología del agua.

 

Durante el embarazo, el contenido en agua del cuerpo aumenta, debido concretamente al aumento del volumen plasmático y del líquido amniótico en el cuerpo de la madre. También se producen adaptaciones fisiológicas para mantener el equilibrio hídrico y la homeostasis. Las necesidades de ingesta de líquidos también aumenta, y las primeras pruebas sugieren que el mantenimiento de una hidratación adecuada puede ser importante para el bienestar fetal y, para las mujeres no embarazadas, para evitar el estreñimiento y las infecciones del tracto urinario recurrentes.

 

Las mujeres lactantes tienen unas necesidades aún mayores de agua, para compensar el agua perdida a través de la leche materna. Esta pérdida puede poner el equilibrio hídrico en riesgo, ya que la cantidad de leche producida cubre las necesidades del lactante, incluso en caso de baja ingesta de líquidos o deshidratación de la madre.

 

Sin embargo, se sabe muy poco sobre la ingesta real de líquidos de las mujeres embarazadas y lactantes. Las recomendaciones se basan en las estimaciones de necesidades adicionales.

 

Hacen falta más estudios para confirmar los cambios en el estado hídrico en las mujeres embarazadas y el riesgo de deshidratación en las mujeres lactantes.

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