Riesgos

Introducción

Debido a sus numerosas funciones en el cuerpo humano, el agua es uno de los principales nutrientes y resulta esencial en todas las fases de la vida. No obstante, al envejecer, los mecanismos encargados del equilibrio hídrico se van degradando y el riesgo de deshidratación aumenta. Así, la deshidratación constituye el principal trastorno de líquidos entre las personas mayores y puede tener un efecto clínico considerable (Hodgkinson et al. 2003; Faes 2007).
La evidencia existente concluye que existen altas tasas de deshidratación entre la población mayor (Begumand Johnson 2010; Himmelstein et al. 1983; Warren et al. 1994; Snyder et al. 1987; Bennett et al. 2004; Mentes et al. 2006a; O’Neill et al. 1990; Bourdel-Marchasson et al. 2004; Forsyth et al. 2008; Stookey et al. 2005a; Stookey 2005b) y la deshidratación es uno de los diez diagnósticos más frecuentes en los casos de hospitalización de personas mayores de 65 años en Estados Unidos (Sheehy et al. 1999). Existe un creciente número de estudios que demuestra la importancia de la prevención y de la gestión de la deshidratación para evitar sus efectos secundarios entre esta población (Faes 2007).

Este documento resume la evidencia científica existente sobre hidratación en la tercera edad, centrada concretamente en las causas, consecuencias y gestión de la deshidratación.

La tercera edad: una población con riesgo de deshidratación

Si bien no existe una definición exacta de la deshidratación, ésta se define como una reducción del contenido total de agua corporal debida a pérdidas de líquidos, una menor ingesta de líquidos o una combinación de ambas (Begum y Johnson 2010).

Dependiendo de la relación entre el sodio y la pérdida de agua, la deshidratación será isotónica (igual pérdida de sodio que de agua debida, por ejemplo, a una diarrea), hipertónica (mayor pérdida de agua que de sodio debida, por ejemplo, a una fiebre) o hipotónica (mayor pérdida de sodio que de agua debida, por ejemplo, a un uso excesivo de diuréticos) (EFSA 2010).

Algunos parámetros podrían aumentar el riesgo de deshidratación entre los mayores. Los más importantes serían los cambios fisiológicos debidos a la edad.

Figura 1 - Reducción del contenido de agua corporal debida a la edad
Pérdida de 6 L (15%)

41 L

70 kg
30 años

35 L

70 kg
70 años

Data de Hébuterne et al. 2009

Los cambios fisiológicos debidos a la edad influyen en el equilibrio hídrico

Al envejecer se producen cambios fisiológicos que aumentan el riesgo de deshidratación entre los mayores (Benelam y Wyness 2010). Un menor consumo de líquidos, unido a una mayor pérdida de fluidos y a un menor contenido de agua corporal, puede romper el equilibrio hídrico en la tercera edad (Schols et al. 2009; Hébuterne et al. 2009).

I.1.1. Contenido total de agua corporal

Al envejecer, el contenido total de agua corporal se reduce debido a una menor masa corporal magra y a un mayor porcentaje de grasa corporal (tejido pobre en agua) (Sheehy et al. 1999).  El contenido total de agua corporal puede experimentar una reducción de cuatro a seis litros desde los 20 hasta los 80 años (Gille 2010) (Figura 1).

Este menor contenido total de agua corporal significa que incluso pequeñas pérdidas de agua corporal podrían causar síntomas de deshidratación (Rikkert et al. 2009).

 

I.1.2. Sensación de sed

La sensación de sed tiende a disminuir en las personas mayores, lo que puede implicar un menor consumo de líquidos, especialmente tras una restricción hídrica (Schols et al. 2009; Kenney y Chiu 2001). Existen distintas hipótesis al respecto, como la alteración de la función osmo- y baroreceptora y los cambios producidos en hormonas y neurotransmisores (reducción de niveles de dopamina -un neurotransmisor que participa en la inducción de la sed-, aumento de los niveles en plasma del péptido natriurético auricular (PNA) -un reconocido inhibidor de la sed-, etc.) (Silver 1990; Wilson 1999). Debido a esta peor regulación de la sed, las personas mayores no suelen beber lo suficiente y no suelen hidratarse bien después de una restricción hídrica (Sheehy et al. 1999; Kenney y Chiu 2001).

I.1.3.Función renal

El deterioro de la capacidad de los riñones para conservar el agua es también una consecuencia del envejecimiento.Los riñones tienen menor capacidad para concentrar la orina y retener agua en caso de necesidad (Bennett 2000). Por otra parte, la menor respuesta de los riñones frente a la hormona anti-diurética (ADH) debida a la edad juega un papel importante en la pérdida de la función renal (Sheehy et al. 1999).

Asimismo, la capacidad excretora de los riñones se va limitando con la edad (Silver 1990).

Por todo ello, los cambios fisiológicos que se producen en las personas mayores debido a la edad dificultan que el cuerpo mantenga la homeóstasis del agua corporal (Schols et al. 2009) (Figura 2).

I.2. Otros factores

Además de los cambios fisiológicos que se producen en el cuerpo por la edad, existen numerosos factores que pueden aumentar el riesgo de deshidratación en los mayores (Figura 3). Cuantos más factores de riesgo entren en juego, mayor será la posibilidad de deshidratarse (Wotton et al. 2008).

El envejecimiento está asociado a limitaciones como una menor capacidad de deglución, una movilidad reducida o desórdenes de comprensión y comunicación que pueden llevar a una ingesta insuficiente de líquidos. Además, existen factores relacionados con síntomas y  enfermedades (como la fiebre, la diabetes o la incontinencia) que pueden aumentar las pérdidas de agua (Mentes 2006b; Weinberg et al. 1994; Feinsod et al. 2002). La deshidratación también puede estar causada por factores medioambientales (alta temperatura, conocimiento inadecuado o falta de tiempo por parte de los cuidadores que contribuye a una ingesta de líquidos inadecuada, etc.) o factores iatrogénicos (medicación con laxantes, diuréticos o inhibidores de la enzima convertidora  de la angiotensina y procedimientos médicos que requieren ayuno) (Faes 2007; Mentes 2006b; Amella 2004; Dyck 2007).

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