FisiologíaI. Características de la fisiología del agua desde la infancia hasta la adolescenciaI.1. Contenido en agua del cuerpoI.2. Equilibrio de agua corporalI.2.1. Principales pérdidas de agua en niñosI.2.2. Aumento de aguaI.3. Regulación del equilibrio de agua corporalI.3.1. Regulación por los riñonesI.3.2. El mecanismo de la sedI.3.3. TermorregulaciónHidrataciónII. La importancia de una hidratación adecuada para la salud infantilII.1. Evaluación del riesgo de deshidrataciónII.2. Estado hídrico y actividad físicaII.2.1. Efectos de la deshidratación durante la actividad físicaII.2.2. ¿Les afecta a los niños el ejercicio de manera distinta que a los adultos?II.2.3. Consumo de agua y actividad físicaII.3. Estado hídrico y función cognitivaII.3.1. ¿Qué es la cognición?II.3.2. El impacto de la deshidratación en la función cognitiva de los niñosII.3.3. El efecto beneficioso del aumento de la ingesta de aguaEl reto III. El reto de la hidratación en los niñosIII.1. La ingesta total de agua y el consumo de líquidos en niñosIII.1.1. Directrices sobre la ingesta total de aguaIII.1.2. El consumo de fluidos en niñosIII.2. Mejora de la ingesta de agua: una piedra angular de los programas relativos al estilo de vida infantilIII.2.1. El efecto prometedor de la ingesta de agua en la prevención del sobrepesoIII.2.2. Una acción prioritaria para un estilo de vida infantil más saludableIII.2.3. La acción mundial: ejemplo del programa de desarollo a largo plazoConclusiónReferenciasQuiz

Fisiología

Introducción

La infancia es una etapa decisiva para el desarrollo general durante toda la vida de una persona (WHO, 2009). Está demostrado que la dieta de un niño desempeña un papel importante que determinará su crecimiento y su salud en la vida adulta (Tanner, 1981). Una hidratación saludable constituye una parte importante de una dieta equilibrada. Los estudios actuales parecen indicar que la ingesta de líquidos por los niños es a menudo subóptima en comparación con los valores de referencia establecidos (Kant et al., 2010, Kavouras et al., 2011, Stahl et al., 2007, Stookey et al., 2011).

 

Según la mayoría de los estudios, desde el nacimiento hasta la adolescencia, la infancia puede dividirse en tres tramos de edad: lactantes (0 a 2 años), niños (3 a 12 años) y adolescentes (13 a 17 años).

 

Este documento tiene como fin presentar las pruebas científicas actuales relativas a la hidratación infantil. El desarrollo fisiológico durante la infancia es muy complejo; así, las necesidades y la fisiología del agua cambian con la edad. En este documento se ofrece un resumen de los conocimientos actuales sobre la fisiología de la hidratación y la ingesta de agua en niños y se destacan las principales diferencias que existen con los adultos en este sentido. Trata sobre la fisiología del agua, la importancia de una hidratación adecuada para la salud, las pautas y el consumo de líquidos infantil, así como las prácticas y esfuerzos que se están realizando actualmente para aumentar la ingesta de agua en los casos en que resulta subóptima.

 

I. Características de la fisiología del agua desde la infancia hasta la adolescencia 

A lo largo de la vida, se producen muchos cambios en la fisiología y el metabolismo del cuerpo humano. Así, el cuerpo necesita variar el aporte de energía, de nutrientes y de agua desde la infancia hasta la edad adulta, y se ha observado que la mayor necesidad en relación con la masa corporal se produce durante la infancia y la adolescencia, para poder soportar el crecimiento y el desarrollo fisiológico.

 

La fisiología del agua cambia rápidamente durante los primeros años de vida, y alcanza progresivamente la fisiología adulta en la adolescencia. 

 

I.1. Contenido en agua del cuerpo

El agua es el principal componente del cuerpo humano. En general, representa el 60% del peso corporal de un adulto (Watson et al., 1980).

 

Además, debido a las diferencias de composición corporal, los niños tienen un mayor contenido en agua en relación con su masa corporal que los adultos. En promedio, el agua representa el 75% de la masa corporal de un lactante durante los 6 primeros meses de vida (Altman, 1961). Después se reduce rápidamente entre los 6 meses y 2 años de edad, y más despacio durante la infancia. Alcanza el nivel adulto hacia la pubertad (>12 años). También es a partir de los 12 años cuando aparecen las diferencias de sexo: el agua como porcentaje del peso corporal total se reduce más rápido en las chicas, debido a que, en general, las mujeres tienen un mayor porcentaje de grasa corporal que los hombres (Figura 1) (Altman, 1961, Novak, 1989). 

 

Figura 1. Agua corporal total media como porcentaje del peso corporal por grupo de edad en hombres y mujeres.

(Adaptado de Altman, 1961). 

 

El contenido total de agua en el cuerpo varía en función de la composición corporal de cada individuo, puesto que: la masa corporal magra contiene aproximadamente un 73% mientras que la masa corporal grasa tiene mucha menos agua corporal (10%) (Péronnet et al., 2012, Altman, 1961). 

I.2. Equilibrio de agua corporal

El equilibrio hídrico corporal se define como el balance entre las pérdidas y los aportes.

I.2.1. Principales pérdidas de agua en niños

En condiciones normales, el agua corporal se pierde sobre todo a través de la orina y la piel y, en menor medida, por los pulmones y las heces.

Pérdidas de agua por la orina

El metabolismo del cuerpo produce residuos que deben ser eliminados, principalmente a través de la orina. El tracto urinario, que se compone de los riñones, los uréteres, la vejiga y la uretra, produce, almacena y excreta la orina (Figura 2). 

 

Figura 2. El tracto urinario. 

 

El volumen urinario medio oscila entre 1 y 2 L/d en los adultos (Manz et al., 2003), pero se produce una reducción gradual del volumen de orina cuando disminuye la ingesta de líquidos. En los niños, el volumen urinario medio está entre 600 y 1300 mL/d y se reduce con la edad hasta alcanzar progresivamente los valores adultos (Alexy et al., 2012). Con la edad, se ha observado una reducción del volumen urinario en relación con el peso corporal en niños de 4 a 14 años (Ebner et al., 2002).

Pérdidas de agua por la piel y los pulmones

Las pérdidas de agua por la piel se producen a través del sudor y la pérdida de agua insensible. El sudor es un mecanismo activo que se basa en la excreción de agua y otros componentes a través de las glándulas sudoríparas. Sin embargo, la pérdida de agua insensible no contiene solutos y se refiere a la evaporación de agua por el tracto respiratorio y por difusión pasiva en la piel. La pérdida de agua por el sudor es baja a temperatura ambiente moderada y en un estado sedentario (EFSA, 2010).

 

La relación entre superficie corporal y masa corporal de niños y adultos es distinta. En niños pequeños (1-2 años) es el doble de alta que en adultos. La diferencia se equipara en la adolescencia, una vez que los niños han alcanzado casi su talla adulta (Silvaggio et al., 1993). Esto explica por qué, hasta la adolescencia, los niños pierden más agua en relación con la masa corporal por la piel que los adultos en condiciones de reposo y temperatura ambiente atérmicas. 

I.2.2. Aumento de agua

El aumento de agua viene del agua contenida en los líquidos y alimentos ingeridos, así como del agua metabólica (agua producida por el organismo durante la oxidación de los nutrientes) (Shirreffs, 2003,Benelam et al., 2010). Este último aspecto se tratará en el apartado III.1.

 

I.3. Regulación del equilibrio de agua corporal

I.3.1. Regulación por los riñones

Tanto en niños como en adultos, los riñones son los órganos vitales responsables de regular el volumen y la composición del fluido extracelular a través de unos complejos recorridos neuroendocrinos (Andreoli et al., 2000): son los principales órganos encargados de mantener el equilibrio de electrolitos, así como el equilibrio hídrico. Funcionan como filtros selectivos eliminando los productos finales metabólicos, y ajustando los niveles de sustancia excretada, electrolitos y agua para mantener una composición constante en la sangre, gracias a los mecanismos de reabsorción y secreción.

 

Los riñones pueden reabsorber o eliminar el agua según las necesidades corporales. Para lograr esta función, reciben la influencia de diversas hormonas, especialmente la hormona antidiurética (ADH), pero también la aldoesterona y factores natriuréticos. La ADH (hormona antidiurética, también conocida como vasopresina) es una hormona que conserva el agua: aumenta la permeabilidad al agua, facilitando así su reabsorción en los capilares del riñón. La ADH participa también en el mecanismo que induce la sensación de sed (Groff et al., 1995) (Figura 3). 

patrón: regulación del balance de agua del cuerpo por los riñones y ADH

Figura 3. Regulación del equilibrio hídrico por la ADH y el riñón. 

 

Como consecuencia, la producción de fluidos renales puede variar enormemente para mantener el agua corporal total en función del volumen de sal y agua principalmente. Sin embargo, existen límites a la conservación y excreción: los riñones pueden regular la osmolalidad de la orina en un rango amplio: de 50 mosm/L a 900-1.400 mosm/L en adultos (Isaacson, 1959, Mertz, 1963).

 

En los niños, la función renal alcanza su madurez hacia los 2 años de edad, con un índice de filtración glomerular y una capacidad de concentración y dilución de la orina comparable a la de los adultos. (Brenner et al., 2008, Gearhart et al., 2009). Sin embargo, la frecuencia y el volumen de evacuación no alcanzan la madurez hasta la adolescencia (Ellsworth et al., 2005, Gearhart et al., 2009).

I.3.2. El mecanismo de la sed

Cuando las pérdidas de agua superan la ingesta de agua, el cuerpo entra en estado de hipohidratación. Junto con los riñones, la sed contribuye a restaurar el equilibrio hídrico estimulando el deseo de beber. La sed es una sensación en la que influyen factores fisiológicos (tonicidad celular, volumen extracelular, distensión estomacal, volumen de ADH en sangre...) y factores conductuales (comidas, preferencias, disponibilidad de bebidas...). Sin embargo, al igual que sucede en los adultos, la sed y la ingestión voluntaria de líquidos no siempre garantizan una hidratación adecuada (Rowland, 2008, Rowland, 2011). De hecho, algunos estudios han indicado que, cuando están deshidratados y se les deja elegir, niños y adolescentes no beben lo suficiente como para garantizar la reposición total de la pérdida de agua (Bar-Or et al., 1980, Rivera-Brown et al., 1999, Santana et al., 1995).

I.3.3. Termorregulación

El agua desempeña un papel esencial en el proceso de control de la temperatura corporal. La evaporación de sudor por la piel constituye un sistema de refrigeración eficaz y representa la principal vía de pérdida de calor en adultos (Delamarche et al., 1990).

 

A diferencia de los adultos, los niños pierden más calor por convección (pérdida de calor seco) que por evaporación (Delamarche et al., 1990). Esto puede explicarse por dos diferencias fisiológicas principales. En primer lugar, los niños tienen una mayor proporción de superficie corporal respecto de su masa corporal y el intercambio de calor seco depende de la superficie (Sinclair et al., 2007). Otro motivo es la inmadurez de sus mecanismos de sudoración (Rowland, 2008). Hasta la pubertad, los niños tienen un índice de sudoración muy inferior a los adultos, y la diferencia es mayor en el caso de los varones (Rowland, 2011).

 

A pesar de estas diferencias, se han observado resultados similares de termorregulación en niños y adultos que realizaban ejercicio con calor estando correctamente hidratados (Inbar et al., 2004, Rivera-Brown et al., 2006, Rowland et al., 2008). Sin embargo, en situaciones similares con privación de agua, los limitados datos disponibles sugieren que la temperatura corporal sube más rápido en los niños que en los adultos (Bar-Or et al., 1980).

 

Así pues, los niños prepúberes pierden menos agua que los adultos durante el ejercicio y/o con calor pero la regulación de su temperatura corporal puede ser más sensible a la deshidratación que en los adultos. 

 

En resumen

En general, las diferencias fisiológicas en lactantes, niños y adolescentes en comparación con los adultos están relacionadas con el contenido de agua en el cuerpo, las pérdidas hídricas insensibles, el índice de sudoración y la función renal en el caso de los niños menores de dos años (Figura 4). Se atenúan a lo largo de la infancia para equipararse a las de los adultos en la adolescencia. 

Gráficos: características de la fisiología del agua , desde la infancia a la adolescencia

 

Figura 4. Características de la fisiología del agua desde la infancia hasta la adolescencia. 

 

 

Para retener

Características fisiológicas de la hidratación en los niños
La fisiología hídrica cambia rápidamente durante los primeros años de vida, y se va ralentizando hasta alcanzar progresivamente el patrón adulto.
Los niños, y en especial los lactantes, tienen un mayor contenido en agua en relación con su masa corporal que los adultos.
Hasta que alcanzan su talla adulta, los niños pierden más agua por la piel que los adultos en reposo y en condiciones térmicas normales.
Hasta la adolescencia, los niños y en especial los lactantes tienen una mayor renovación hídrica en relación con su masa corporal que los adultos, especialmente durante las primeras semanas de vida.
Los niños presentan una mayor necesidad de agua por peso corporal que los adultos, debido en parte a una mayor pérdida de agua insensible por difusión cutánea.
Los riñones alcanzan la madurez hacia los dos años de edad aproximadamente, con una capacidad de dilución y concentración de la orina equivalente a la de los adultos.

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